Las olas

Un niño se hizo un barquito de madera y salió a probarlo en el lago, pero sin darse cuenta, el barquito impulsado por un ligero viento fue más allá de su alcance.

Apenado corrió a pedir ayuda a un muchacho mayor, que se hallaba cerca, que le ayudara en su apuro.

Sin decir nada el muchacho empezó a levantar piedras y echarlas, al parecer en contra del barquito; el pequeño pensó que nunca tendría su bote otra vez y que el muchacho grandote se estaba burlando de él; hasta que se dio cuenta que en vez de tocar el bote cada piedra iba un poco más allá de este y originaba una pequeña ola que hacia retroceder el barco hasta la orilla.

Cada piedra estaba calculada y por último el juguete fue traído al alcance del niño pequeño, que quedó contento y agradecido con la posesión de su pequeño tesoro.

A veces ocurren cosas en nuestra vida que parecen desagradables, sin sentido ni plan y hasta nos parece que más nos hunde; pero si esperamos y tenemos confianza en Dios, nos daremos cuenta de que cada prueba, cada tribulación, es como una piedra arrojada sobre las quietas aguas de nuestra vida, que nos trae más cerca de nuestro objetivo.

El peor de los fracasos es… ¡no intentarlo!

Franklin D. Roosevelt acostumbraba a decir: “Es normal elegir un método y probarlo. Si es un fracaso, admítalo con franqueza. Pero, por sobre todas las cosas pruebe hacer algo”.

En el libro Alas de Águila, Ted W. Engstrom da este consejo acerca de la importancia de intentarlo: “Si comienza hoy, puede empezar a disfrutar el uso y el desarrollo de sus dones. Para un comienzo, usted deseará arriesgar algo pequeño, como un dedo del pie en lugar del cuello”.

“Por ejemplo, si siempre ha deseado escribir, escriba algo, un artículo corto, un poema, un relato de sus vacaciones. Escríbalo como si fuese a ser publicado y luego preséntelo en alguna parte.

Si es fotógrafo, reúna sus mejores fotografías y preséntelas en algún concurso. Si cree ser un buen tenista o golfista, participe en algunos torneos y vea los resultados. Quizá no gane los primeros premios, pero piense cuánto aprenderá y experimentará simplemente por intentarlo”.

El primer paso en intentarlo podrá ser un curso, salir de casa, empezar un proyecto o conduciendo tus propios sencillos experimentos. El intento se perfecciona con la práctica. Mantente fiel a lo que quisieras hacer.

El peor de los fracasos es… ¡no intentarlo!

La derrota no es la peor de las tragedias. La verdadera tragedia es no haberlo intentado.

¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes.

Reflexión sobre la soledad

Muchas personas perciben la soledad como algo negativo y a veces hasta trágico. Este sentimiento necesario y propio puede dar lugar, al contrario de lo que se piensa, a una situación de mucho provecho y placer. ¡Aprenda a disfrutarla!

Según el conocido psicólogo Walter Riso, la soledad no se define por sustracción de materia (estar sin alguien o algo), sino por una multiplicación del “yo” que se recrea en el autodescubrimiento.

Y con esto no se habla de retiros espirituales ni de aislarse en un bosque deshabitado; se habla de apropiarse de la soledad, tocarla, meterse en ella, perderle el miedo y así, convertirla en una experiencia fructífera y alegre.

Las personas suelen verla como un fracaso en la vida personal y no como un tiempo maravilloso para valorarse y apreciarse. Lo más común es quejarnos de ella e intentar sacarla de nuestra vida, en vez de aprovecharla y disfrutarla.

Por esta razón, debe tener presente esto para deleitarse con una buena compañía: su soledad.

No es algo negativo. Piense, ¿qué mejor compañía para usted que usted mismo? Cuando se sienta solo, en vez de buscar cómo llenar ese vacío con personas y situaciones que le hagan sentir menos solitario, aprenda a sentirse bien consigo mismo sin buscar el regocijo en agentes externos.

Acciones simples como ir al cine o a comer nos van reconciliando con nosotros y nos ayudan a sentirnos cómodos y gratos. Está bien que queramos compartir con otras personas, pero esto no debe convertirse en una condición fundamental del sentirse bien.

En sus momentos de soledad, apréciese, quiérase y resalte lo bueno de usted, todo individuo es útil y capaz. No vea la soledad como un problema ni se minimice junto a ella. Evite frases como “quiero salir a divertirme, pero no tengo con quien”, “ir a comer solo me da pena”. Tome la soledad como un tiempo para encontrarse, en el cual se invita a salir y conversar consigo mismo.

Tenga presente que hay momentos que son exclusivamente suyos y no están diseñados ni pensados para nadie más, son tiempos necesarios e importantes que no debe obviar.

Las personas que sufren de apego, bien sea por individuos o cosas materiales, son las que menos toleran la soledad, pues tienden a ser personas dependientes. Si este es el caso, analícese a sí mismo y busque el porqué se manifiesta tal apego.

Para Riso, este se da principalmente por baja autoestima, necesidad de tener éxito, búsqueda de la seguridad o el sentirse débil. Para solucionarlo, es importante identificar los orígenes de la dependencia, cómo nació, cómo evolucionó y por qué se mantiene, es decir, delimitarla, reconocerla y enfrentarla.

Las personas que se complacen en la soledad son seres independientes.

La soledad no es evasión. En ocasiones, muchas personas huyen de ella por evadir ciertos aspectos de su vida. Se sobrecargan de actividades para posponer el encuentro interno, pues sienten temor a explorar lo que se encontrarán dentro de sí.

Incluso, los individuos suelen llegar a extremos, deteriorando cuerpo y cerebro por exceso de actividades. Recuerde que para tener un equilibrio, es primordial conocerse internamente y dialogar con el Yo interno.

Aproveche esos tiempos de soledad para explorar situaciones nuevas y sacar a relucir el espíritu aventurero que todos tenemos. Empiece por cosas sencillas y, de seguro, encontrará una variedad de situaciones y emociones maravillosas que no había vivido por no tener compañía.

Además de eso, no olvide que la diversión y el disfrute no se trata solo de salidas y de compartir; leer un libro, dedicarse a escuchar música, admirar un atardecer, etc., también son momentos que otorgan placer y resultan perfectos en solitario.

“La soledad inteligente no es desolación o aislamiento; es una elección razonada donde los demás siguen disponibles para el encuentro”, Walter Riso.

Autor: Giuliana Villarroel

La mano que te guía

El niño miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:
–¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, quizá, una historia sobre mí?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y dijo al nieto:
–Estoy escribiendo sobre ti, es cierto. Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.

El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial.

–¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!

–Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo.

Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. A esta mano nosotros la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.

Segunda: de vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final está más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.

Tercera: el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

Cuarta: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.

Finalmente, la quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará trazos, e intenta ser consciente de cada acción.

El amor y el Tiempo

Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre; El Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría… como también, todos los demás, incluso el Amor

Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse.

Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el Amor quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.

Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda.

La riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo: “Riqueza… ¿me puedes llevar contigo?”. No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti, lo siento, Amor…

Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca. “Orgullo te ruego… ¿puedes llevarme contigo?”. No puedo llevarte Amor… respondió el Orgullo: aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca y ¿Cómo quedaría mi reputación?

Entonces el Amor dijo a la Tristeza que se estaba acercando: “Tristeza te lo pido, déjame ir contigo”. No Amor… respondió la Tristeza. Estoy tan triste que necesito estar sola.

Luego el Buen Humor pasó frente al Amor, pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando.

De repente una voz dijo: “Ven Amor te llevo conmigo”. El Amor miro a ver quien le hablaba y vio a un viejo.

El Amor se sintió tan contento y lleno de goza que se olvidó de preguntar el nombre del viejo.

Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El Amor se dio cuenta de cuanto le debía y le pregunto al Saber: “Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudó?”.
– “Ha sido el Tiempo”, respondió el Saber, con voz serena.
– ¿El Tiempo?… se preguntó el Amor, ¿Porqué será que el tiempo me ha ayudado?

Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuan importante es el Amor en la vida.